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"Emily en París"

Con una historia simple, pero romántica, mucha sofisticación visual y una protagonista que recuerda a las figuras clásicas de Hollywood, "Emily en París" encanta lo suficiente para querer verla un episodio tras otro.

De la noche a la mañana o mejor dicho, de la tarde a la mañana, la vida de Emily da un giro. En lugar de permanecer en Chicago y hacerse cargo de la agencia en la que trabaja, debe viajar y representar a la firma en París (Ces la vie!) . Entusiasmada, se sumerge con optimismo e inocencia en un país que la pondrá enfrente a un subibaja de aventuras y emociones, dejándola en una encrucijada donde todo parecería haber quedado en orden cuando en realidad no podría estar más de cabeza.

Seamos honestos, los trucos de "Emily en París" se han visto antes. Es inevitable notar las similitudes e influencias de "Sex and the City", con la cual comparte creador (Darren Star), pero también es cierto que aunque cojea en creatividad, cae en lugares comunes, clichés y estereotipos, no digamos que tampoco es precisamente la serie "más profunda" o reflexiva, sabe muy bien sacar provecho y hacer brillar sus fortalezas. En primera instancia está Lilly Collins, quién seguramente encontrará en ella el vehículo para consolidarse como estrella. Es encantadora de una manera que recuerda a Audrey Hepburn y que no se limita únicamente a lo físico, sino a esa energía que permite confiar que todo está bien, que todo saldrá bien. Luego están capítulos cortos y muy ágiles, personajes secundarios memorables (de Sylvie, su jefa con tintes de la Miranda Prestley de "El diablo a la moda", pasando por Mindy, su liberal amiga china, y llegando a Gabriel, su coqueto e irresistible vecino e interés romántico, quién compite sin saberlo con Matthiew, sobrino de un cliente e incluso con Antoine, otro cliente que no deja de lanzarle "indirectas").

"Emily en París" revive el glamor clásico con un tinte joven y contemporáneo. Es divertida, ágil, sofisticada e ingenua. Una mirada "light" a los contrastes entre EE. UU. y Europa y con ello una manera de abordar o de ver de forma distinta temas muy controversiales como el trabajo (vivir para trabajar o trabajar para vivir), el amor y la sexualidad. Lo que en un lado es visto como denigrante u ofensivo, en otro empodera. Quién lo diría, pero es cierto, todo está en los ojos de quién lo ve. Y aunque eso se diluye conforme avanzan los capítulos, "Emily en París" pone los temas sobre la mesa. Así que sí, hay un poco más de lo que aparenta y sí, también hay mucho "porno turístico". París se ve espectacular y uno, uno agradece el agradable paseo que se le ofrece.

10 Episodios

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