"El poder del perro" de Jane Campion


“Libra mi alma de la espada; mi amor del poder del perro ". Salmos 22.

La novela de Thomas Savage cobra via de la mano de Jane Campion, quién regresa al cine en plena forma luego de 12 años. "El poder del perro" la muestra con una voz determinante que recuerda lo inhóspito de "El piano", por la cuál ganó el Oscar a Mejor Guion, y lo poético de "El amor de mi vida", biopic del poeta John Keats.

En "El poder de perro", los hermanos Burbank, Phil (Benedict Cumberbatch) y George (Jesse Plemmons), manejan un rancho. El primero se ocupa del campo, el segundo de lo administrativo. En un viaje, George conoce a Rose (Kirsten Dunst), una viuda que maneja una restaurante, con quién inicia una relación y pronto se casan. Phil no lo aprueba y todavía peor le cae Peter (Kodi Smit-McPhee), el delicado hijo de Rose. Cuando llega el verano, las tensiones entre ellos alcanzan su máxima expresión de manera inesperada.

Esta es una película de sutilezas y, como los buenos vinos o, mejor dicho, las buenas venganzas, se cuece a fuego lento. Campion se toma su tiempo para presentar el escenario, las costumbres de la Montana de 1925, y al grupo de personajes que son bordados a mano por un elenco que da lo mejor de sí. Benedict Cumberbatch es intimidante como el hipermasculinizado Phil, admirado y termido por igual, competitivo a más no poder, pero con una sensibilidad que, aunque intenta ocultar, se deja percibir en su mirada o en sus diestras manos que igual tocan la mandolina que trenzan una cuerda. Jesse Plemons quizás no tenga tanto tiempo en pantalla, pero es suficiente para contrastar con su aplomo, educación y sensibilidad con Phil. Kirsten Dunst, quién en la vida real está comprometida con Plemons, por cierto, está en plena forma como la atormentada, pero determinada Rose. Kodi Smit-McPhee es el arma secreta. Peter es callado, con ojos que rehuyen a otros, una figura frágil y un objetivo muy claro, con el que comienza el filme: "No quería nada más que la felicidad de mi madre. ¿Porque qué clase de hombre sería yo si no la ayudara? ¿Si no la salvara?"

Más allá del manjar visual que "El poder del perro" es para los sentidos, destaca por todo lo que dice, por lo que grita, en silencio. Sí, sonará contradictorio, paradójico, no lo es. Es un thriller psicológico que dialoga sobre lo que se calla, a causa de otros, a causa propia. Es sobre el peso de las tradiciones, de los roles sociales, de lo femenino y lo masculino. Es sobre la muerte, literal y metafórica, como semilla de la vida.

"El poder del perro" es la favorita, hasta el momento, en la temporada de premios. Ninguna otra ha ganado tantos reconocimientos en la categoría principal. Si el año pasado "Nomadland" hablaba, entre otros temas, de reconexión, "El poder del perro" lo hace de liberación. Y, es curioso, ambas son obra de autoras que van, que llegan, que revelan y confrontan con lo que las voces masculinas no podían, no sabían, expresar.

"Libra mi alma del poder del perro" es la plegaria del salmo que se retoma. Sí, del poder de un símbolo de lo salvaje, pero también de uno de fidelidad, de lealtad, de amistad. El poder del perro... es una correa de inquietantes posibilidades.

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Reino Unido / Nueva Zelanda / EE. UU. 2021 - 2h 6m


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