El amor de mi vida

“It ought to come like leaves to trees, or it better not come at all,” John Keats al hablar sobre poesía.

Sutil, melodiosa y… embriagante.

Como una estrella brillante, cautivante y misteriosa, es la historia entre el poeta romántico John Keats (Ben Wishaw) y Fanny Brawne (Abby Cornish). El título que la denomina en español es “El amor de mi vida” y si bien describe el impacto que cada uno de los protagonistas tuvo en la vida del otro también deja fuera la poderosa imaginería visual y retórica que se despliega como un oleaje constante, pero poderoso a lo largo de este filme inicialmente nombrado como uno de los poemas del inglés.



El filme se centra en la temporada final de Keats, aunque la figura central es la de Fanny. La joven se ve intrigada por el carácter retraído del poeta pero, sobre todo, por su trabajo. Entonces, comienzan a interactuar. Ella quiere entender los escritos. “Confieso que no los encuentro sencillos,” le dice. Él, que apenas tiene para vivir y que considera que sus escritos son apenas meritorios, la encuentra misteriosa. Es una mujer creativa e innovadora (diseña y cose sus propios atuendos); inteligente y propia. La relación comienza a crecer, máxime cuando terminan prácticamente compartiendo el mismo techo (la madre de Fanny le renta una parte de la casa a Keats). Pero los obstáculos tampoco son pocos, por un lado, la demanda de tiempo y concentración que le exige Charles Browne (Paul Schneider), colega y casi representante de Keats, por otro, la cada vez más precaria salud del joven, sin dejar de lado, su pobre situación económica y los comentarios que levanta la confianza que se percibe entre ellos.


Luego de la fuerte impresión que Jane Campion causara en 1993 con “El piano” su carrera pasó por una serie de altibajos que parecían sugerir que lo mejor de la australiana ya había pasado. Sin embargo, con “El amor de vida”, curiosamente también un retrato del amor, da muestras del oficio que tiene para contar historias a través del arte del lenguaje cinematográfico.

En “El amor de mi vida” la tarea inicial es compleja: transmitir la belleza de las palabras a imágenes. El arte de escribir es poco atractivo para la cámara. Incluso, la relación entre Fanny y Keats, que se mantuvo en un plano intelectual y emotivo sin llegar a lo físico, podría parecer también poco interesante. Pero es ahí donde la mano de Campion se siente. Con un guion nominado por el Instituto Australiano de Cine, donde el filme fue considerado en otras siete categorías, incluyendo Mejor Película, Mejor Dirección y Mejor Actriz, y reconocido por Mejor Cinematografía, Mejor Vestuario (la Academia la nominó en este rubro) y Mejor Diseño de Producción, “El amor de mi vida” se suscribe como un poema visual.


Cada plano, cada secuencia, es un cuadro en movimiento donde los colores, el encuadre, la iluminación y el desempeño de los histriones dan cuenta de un romance tan delicado como poderoso e intrigante. Es una marejada envolvente que no deja duda de que ese amor aún brilla, en las palabras, en las imágenes y en esa estrella que Keats inmortalizó.

Bight Star

Australia/Francia/Inglaterra 2009

Director: Jane Campion.

Reparto: Abby Cornish, Ben Wishaw, Paul Schneider, Kerry Fox.

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