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"El niño y la garza" de Hayao Miyazaki

El Maestro del cine ha regresado.

En el Olimpo de los dioses de la animación, Hayao Miyazaki tiene un lugar especial. Su imaginación ha dado vida a clásicos como "El viaje de Chihiro", "El increíble castillo vagabundo", "Mi vecino Totoro" y "La princesa Mononoke". No hay nada como el universo de Miyazaki. En 2013 anunció su retiro, un tanto cansado del proceso y el tiempo que requiere, pero después otra historia lo encontró. "El niño y la garza" es esa historia, inspirada, pero no basada en "¿Cómo vives?" de Genzaburo Yoshino.

Es 1943. La Guerra del Pacífico está en curso. Mahito Maki, de 12, pierde a su madre. Un par de años después su padre se casa con Natsuko, tía de Mahito. Se mudan a una finca en el campo donde una garza y una extraña y prohibida torre construido por su ancestro lo llama. Al adentrarse, Mahito se confronta con su pasado y su duelo.

"El niño y la garza" es un filme de múltiples niveles e interpretaciones, profundamente simbólico, onírico, fantástico y hasta terorífico. Recuerda en mucho "El viaje de Chihiro" y con ello el de "Alicia en el país de las maravillas". Es un niño a punto de dejar de serlo, confrontado con un dolor que no sabe cómo manejar, pero aquí, más aún, con una tarea esencial: rescatar a su tía y su madre. A la primera no la entiende. Es muy parecida a su madre, pero no es su madre, aunque ahora sea la esposa de su padre. A la segunda la extraña, la anhela, le hace falta.

El viaje de Mahito puede ser abrumador. Es un tanto laberíntico, otro tanto filosófico e ideológico. También es autobiográfico. El padre de Miyazaki también trabajaba en una fábrica que producía componentes para aviones de guerra. Su familia también dejó la ciudad durante la guerra y madre también estuvo en hospitales. La pérdida de la madre de Mahito lo sume en sí mismo, la torre es la manera de abrirse. Entonces, el duelo está en el centro al igual que el resultado: aprender a vivir por y para otros, olvidándose o dejando de lado cualquier tipo de egoísmo. Sin embargo, no es lo único. Es también una película sobre la guerra y sus efectos, paralelos del duelo, donde hay diferencias y pérdidas. Es además sobre la turbulencia y el desbalance que se crear en ello y sobre el reto de crear un mundo sin conflictos o en balance.

Como aventura, "El niño y la garza" es épica, provocada precisamente por la garza, símbolo de longevidad, buena suerte y esperanza, guía a través de la vida para transportar el alma de los muertos hacia el paraíso. ¿Qué es la guerra sino un periodo de transición también? ¿Acaso el duelo es distinto? En ese mundo hay un ejército de pericos, puertas que llevan a otros mundos, seres del pasado, pelícanos, espíritus burbujeantes esperando nacer (los Warawara), otros esperando en el tránsito de los mares del después...

"El niño y la garza" es otra obra maestra más de Hayao Miyazaki, de gran belleza y profundidad. Es una aventura a la cual hay que adentrarse con valentía y corazón. Dejándose guiar por una garza y esa delgada línea donde los sueños confluyen con las pesadillas.

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EE. UU. 2023 - 2h 4m


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