"Curtiz" de Tamas Yvan Topolanszky / Netflix

El arte tiene la capacidad de poner un espejo, abrir una puerta y dar nueva luz a lo conocido. "Curtiz" es una pieza singular, es la película detrás de la película (nada menos que la considerada como la más grande historia de amor por el American Film Institute), pero más allá de ello es una exploración alrededor de Michael Curtiz, su director. El conflicto central es la filmación de "Casablanca", que con el rodaje en proceso no tenía un deslace y más aún era considerada pieza clave para alimentar el nacionalismo, por lo que las presiones políticas y sociales no eran pocas. Paralelamente, Curtiz debía resolver (o al menos intentarlo) su relación con su hija, una joven a la que trajo de Hungría y a quien no había visto en 19 años, y conseguir que su hermana y familia sean rescatados de Europa en plena Segunda Guerra Mundial.

"Curtiz" recurre a los lugares comunes de este tipo de filmes, jugando con las referencias a "Casablanca", amén de otras tantas a figuras y momentos clave en la historia del cine. Es imprecisa en un par de ella y se olvida, sobre todo en el primer acto, de la incertidumbre que existía sobre la película que realizan; más de un personaje actúa como si ya se supiera la trascendencia que tendría y nada más alejado de ello. Sin embargo, atina en enfocarse en su personaje central, dejando de lado a las estrellas (Ingrid Bergman y Humphrey Bogart apenas y salen y cuando lo hacen es fuera de foco) y trabajando "detrás de las cámaras", utilizando las referencias para tejer, por medio de una espectacular fotografía en blanco y negro, la complejidad de situaciones que estaban en juego (como el discurso contra los extranjeros por parte de uno, Curtiz era húngaro, por mencionar sólo una) y dejando sobre la mesa, preguntas, muchas, muchas preguntas... y qué es el buen arte si no un descubrimiento, un enigma y una fuente de inspiración al mismo tiempo.

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