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"Amarga Navidad" de Pedro Almodóvar

"En tus guiones eres más sincero que en tu vida," Mónica

Se dice por ahí que "los buenos artistas copian, los grandes artistas copian". La frase ha sido atribuída al pintor Pablo Picasso, hay quién dice que viene del escritor W. H. Davenport Adams; Steve Jobs se encargo de popularizarla y en cualquier caso el que ya no se sepa de quién es, pero que siga haciendo un punto, es justo, valga la redundancia, el punto de todo. Los artistas se inspiran de su vida, de la vida misma y esa vida incluye la de los demás. En "Amarga Navidad", Pedro Almodóvar continúa en una tono mucho más reflexivo, existencial y aún más autoreferencial que comenzó con "Julieta" y ha seguido con "Dolor y gloria", "Madres paralelas" y "La habiacón de al lado".

"Amarga Navidad" estuvo a punto de llamarse "Autoficción", género al que pertenece y que define por completo de qué se trata porque aquello de "amarga navidad" va más de un evento, clave sí, pero que en realidad se queda corto para expresar su verdadera esencia. Eso sí, "Amarga Navidad" llama más la atención con todo y que la cinta no esté estrenando para nada en dichas fechas... es una Navidad en pleno verano.

La autoficción es un género en el que el narrador y protagonista comparten la misma identidad o bien donde hay una proyección clara de la vida del autor en la del protagonista que no necesariamente es referido o mostrado como si fuera el autor, pero entre quiénes hay paralelismos inquestionables. En "Amarga Navidad" la historia comienza en 2005 con Elsa (Bárbara Lennie), una directora comercial que se sumerge en el duelo tras perder a su madre. Elsa lidia con una jaqueca inmisericorde que la lleva al hospital y luego encuentra inspiración en la "amarga Navidad" que aqueja a una amiga, llevándola a escribir el guion de su próxima película. Elsa es en realidad la protagonista del guion que escribe en 2025 Raúl (Leonardo Sbaraglia), un prestigiado director que recurre a la autoficción para salir del bloqueo creativo. La nueva historia mezcla aspectos de su relación con su novio Santi (Quim Gutiérrez), encantado con ello, y de la de Mónica (Aitana Sánchez-Gijón), su mánager, poco menos que indignada ante lo que considera una falta de respeto y sensibilidad.

En su inicio "Amarga Navidad " toma un tanto desprevenido. Se cae prácticamente y va mucho, en un principio, de la famosa jaqueca. Así que surge la duda si de eso va, de un dolor de cabeza. ¿Cuál es el problema de Elsa? ¿Un dolor de cabeza? Y no es que una jaqueca sea poca cosa, pero pareciera un "tanto mucho" que una película tuviera eso como trama central. Luego se descubre que esa jaqueca no es otra cosa que la proyección del bloqueo de Raúl y de ahí, en un ir y venir, se va construyendo la relación entre los relatos y con ello los niveles que llegan a la realidad porque Raúl no es otra cosa que una proyección de Almodóvar.

El oficio de Almodóvar se siente desde el primer cuadro y es lo que mantiene el interés, lo que hace que se quiera saber más de Elsa, su dolor de cabeza, su oficio, su relación con Beau (Patrick Criado), un bombero de día y stipper de noche, a quién conoció cuando buscaba modelos para un comercial, amén de su amistad con Patricia (Victoria Luengo), la amiga de la "amarga Navidad", y una misteriosa conexión con Natalia (Milena Smit), una modelo en una suerte de retiro-exilio. Y es que esa es la cuestión, pareciera que "no pasa nada" o que "pasa poco" porque la jaqueca acapara mucha atención al principio, pero pasa mucho y pasa todo. El "diablo está en los detalles" y es ahí donde Almodóvar va tejiendo las redes y las conexiones entre sus personajes, ayudado por un elenco que no estelarizan sus actrices habituales ni estrellas famosas, pero que no evita incluir al talento que le es familiar como Rossy de Palma o Carmen Machi.

"Amarga Navidad" se siente y es un filme de Almodóvar. Está su paleta de colores. Están sus planos habituales. Está innevitablemente lo sexual. Está su excentricidad que de tan inesperada se vuele verosímil. Por ejemplo, aquí cuando van en busca de stripers la respuesta es que eso ya no se usa, ahora los shows van de ver sexo explícito como si de un show se tratara y vaya, no es que ese tipo de espectáculos sean nuevos o innovadores, pero la familiriad y la manera en cómo se dan lo son todo. Está la propia manera en que se da la relación con Beau, que en realidad se llama Bonifacio, y en que no hay nada que haga más sentido, que sea más surreal que un bombero que también sea stripper, uno de los roles más habituales de ese tipo de espectáculos y cuyo vestuario y aditamenos, sí como la manguera, vengan más al caso. Eso es muy Almodóvar y no se puede evitar.

A Almodóvar no le hacen falta los rostros conocidos. Le hacen falta los rostros expresivos y que no pueden evitar su propia estética y comprensión de la belleza. El nuevo cuadro es muy "almodovariano". Lo que necesita Almodóvar es talento y ese está de sobra. Bárbara Lennie es espectacular como Elsa, con una suerte de aplomo y desparpajo que ocultan un inneludible duelo. Destacan también Aitana Sánchez-Gijón y Milena Smit, cuyos personajes enfrentan también grandes pérdidas.

Hay dos aspectos que quizás se le criten más o se comprendan menos de "Amarga Navidad". El primero está en que frente a otras de sus obras es menos emotiva o pareciera serlo menos. Está un tanto como en aquellos que han tenido una pérdida y quedan impávidos. La emotividad está, sólo que contenida y eso pasa también en "Amarga Navidad". Uno de los momentos más emotivos, por ejemplo, sucede cuando Amaia Romero, cantante española, le canta a Elsa precisamente el tema homónimo que hiciera famoso Chavela Vargas. Y sí, nadie como Chavela, pero nadie como Amaia, y en esa interpretación a cappela, hay una lágrima en la garganta que traspasa la pantalla. "Amarga Navidad" lleva el dolor por dentro.

El otro aspecto está en el desenlace, más propiamente en el final: es abierto. Es muy europeo. Es como la vida misma, un continuo que además hace sentido porque Raúl no ha terminado de escribir, porque la vida se sigue escribiendo siempre, a pesar de la muerte o con su presencia, y porque el arte, aún terminado se escribe y rescribe con cada nuevo espectador.

Al final o al principio, "Amarga Navidad" es una película que va del duelo y la pérdida y del arte como proceso que lo procesa, que lo transforma en esa "noche buena" donde algo muere para que algo más pueda nacer. Este Almodóvar ya no es el de "Tacones lejanos" o "Todo sobre mi madre", bueno, es y no es porque a sus 76 años ya no vive precisamente esa Navidad con la inocencia y el entusiasmo de un niño, ni con la esperanza de un padre. La ve con la perspectiva de quién ha visto muchas, tantas que ya son un cúmulo tanto de recuerdos y alegrías como de pérdidas y ausencia y, con todo, "Amarga Navidad" es realista, ecuánime y resulta porque sabe que la vida sigue y seguirá.

Los artistas roban para crear y en lo que crean hay más verdad que en su propia realidad. Eso es "Amarga Navidad", el deseo hecho autoficción y la autoficción convertida en el espejo que es la pantalla grande.





 
 
 

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ACERCA DE

Storyteller por convicción, Carlos utiliza sus herramientas para generar un impacto positivo en ámbitos que van de la educación al liderazgo, pasando por el marketing, la creación de marcas, la escritura de guiones y el análisis cinematográfico.

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