50/50

“See, but... that's bullshit. That's what everyone has been telling me since the beginning. ‘Oh, you're gonna be okay,’ and ‘Oh, everything's fine,’ and like, it's not... It makes it worse... that no one will just come out and say it. Like, ‘hey man, you're gonna die’.” Adam a Katherine, su terapeuta.

Cáncer. Breve y contundente es la palabra. Regularmente asociada a otra inmisericorde palabra: muerte… y raramente emparejada con la mucho más vivaz y optimista: juventud. En “50/50” convive con ambas e incluye a la mezcla otras dos: realidad y comedia.



Adam (Joseph Gordon-Levitt) tiene 27 años, trabaja para la radio, sostiene una relación con Rachel (Bryce Dallas-Howard), y lleva una vida que raya en la corrección y la monotonía: no tiene vicios, hace ejercicio, es puntual; vaya, Adam es incapaz de cruzar la calle a pesar de que un desierto podría parecer más poblado. Donde ha habido frutos es en su espalda. Una “bolita” le molesta. El diagnóstico del médico: cáncer (un tipo raro de peor nombre). Adam enfrenta con bastante ecuanimidad el asunto, pero la injerencia de su relajado y alternativo mejor amigo, Kyle (Seth Rogen), el desapego emocional (y físico, al menos bucal) de Rachel, la atención asfixiante de su madre (Anjelica Huston), quien ya se hace cargo de la cualidad dual de su esposo (por aquello del Alz-Heimer), y la poca pericia vocal y física de su terapeuta, Katherine (Anna Kendrick), le brindan un tratamiento emotivo paralelo desesperanzadoramente reconfortante. Al final de cuentas sus posibilidades son 50/50.


La prescripción que ofrece “50/50” es delicada. Presenta un tema sensible bajo la óptica de la comedia. El guion, ganador como mejor obra original por el National Board Review y la Asociación de Críticos de Washington, es obra de Will Reiser, quien escribiera con base en su propio caso y ante la petición de Seth Rogen, su amigo y productor del filme. De hecho Reisner tiene un cameo en el que le comparte a Adam, “mi tío tuvo lo que tú tienes”. Y es ese el sentido que hace de esta cinta un trayecto agradable. Si bien la estructura de sitcom que propone Reiser sienta un tono ligero al inicio, la mano de Levine lo sostiene con fuerza cuando llega el tercer acto. A diferencia de lo que sucedería en televisión, aquí es el momento de dar dimensión a los personajes, sus situaciones y sus emociones. “50/50” equilibra adecuadamente, evitando caer en el sobre dramatismo, la comedia gratuita e incluso la comedia romántica.


El corazón del filme late gracias a su protagonista. Joseph Gordon-Levitt, quien aceptara la parte pocos días antes de que iniciara la filmación y tras la salida de James McAvoy, hace de Adam un hombre por quien es fácil sentir simpatía a pesar de los avatares que enfrenta. El histrión se sumerge en la piel del personaje haciendo verosímil interior y exteriormente, e incluso improvisando una escena (aquella donde pierde su cabello y que ha sido muy utilizada para promover el filme) que ni siquiera estaba en el guion. Por su labor, el Festival de Cine de Hollywood lo reconoció como Actor del Año, mientras que los Globos de Oro, lo nominaron como Mejor Actor en una Comedia o Musical, rubro en el que también fue considerada la película.


“50/50” no llora a causa del cáncer, mucho menos se ríe de él. Lo toma por lo que es y lo toma con humor, ya sea como forma de distraerse o como antídoto inclemente de indudable aliento, pero siempre con la convicción de que el optimismo es un vicio recomendable y sanador.


EE.UU.


Director: Jonathan Levine.

Reparto: Jason Gordon-Levitt, Seth Rogen, Anjelica Huston, Anna Kendrick, Bryce Dallas Howard.

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