Valentín

A Adolfo, culpable de este descubrimiento

“Hay gente que parece como si no viviera, no le da uso a la vida”, Valentin (Rodrigo Noya)

Inocencia, sueños y añoranza.

En el Buenos Aires de 1967, Valentín (Rodrigo Noya) es un niño de nueve años que trata de hacer frente de la mejor manera que le es posible a la vida que le tocó. Sus padres se han divorciado, su madre desaparecido y su padre aparece esporádicamente. El niño vive con su abuela, una viuda quejumbrosa que platica con su “esposo”. Una esperanza llega a Valentín cuando conoce a Leticia (Julieta Cardinali), la novia en turno de su padre, con quien peca de sincero. Su inocencia, el anhelo por recuperar la familia que ha perdido y el destino cambian las piezas del tablero... cuando todo parece haber perdido su rumbo, el ingenio de Valentín pone fin a los tumbos.

“Valentín” es uno de esos contados filmes que al contarnos la historia desde el punto de vista de su protagonista rescata los pequeños detalles de la vida que hacen grandes diferencias. Su optimismo e ingenuidad dejan sobre la mesa grandes verdades, que, a pesar de su crudeza, pueden verse y enfrentarse con una sonrisa.



La cinta recibió premios de festivales como el de Newport, Oslo y Mar de Plata, además de siete Cóndores de Plata de la Asociación Argentina de Críticos, incluyendo Mejor Director, Mejor Actor y Mejor Guion. Y es que este trabajo de tintes semi-biográficos es un gran logro de Alejandro Agresti, quien concibió y dio forma a la idea (es autor del guion y director de la cinta), además de desempeñarse como actor (interpreta al padre de Valentín).


Aunque “Valentín” es una cinta que no saca provecho del contexto histórico donde se desarrolla la trama, la forma en como está construida toca las fibras indicadas en el espectador sin caer en recursos baratos. Tal vez esta omisión es intencional, después de todo qué puede importarle a un niño lo que pasa en su país cuando su entorno más cercano ya es de por sí un caos. Su prioridad es ésa, resolver sus problemas y los problemas de aquellos que lo rodean, lograr y prolongar la felicidad y, más aún, conseguir un poco de estabilidad.


Las preocupaciones de un niño, sus deseos son simples: ser astronauta o escritor, y principalmente tener una mamá, qué mejor que la propia, aunque a estas alturas cualquiera podría serlo. Y más aún, recuperar a su familia y entender con su sencillez, candor, ingenuidad y sabiduría aquello que los adultos no han reflexionado, baste tomar en cuenta lo que en un momento Valentín señala, “porqué todos pelean y yo siempre estoy en medio”.

Argentina/Francia/Italia/España 2002

Director: Alejandro Agresti.

Reparto: Rodrigo Noya, Carmen Maura, Alejandro Agresti, Jalieta Cardinali y Mex Urtizberea.

Artículo inicialmente publicado en el periódico estudiantil “La Catarina” de la Universidad de las Américas-Puebla. Derechos Reservados de Carlos Andrés Mendiola H.

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