Toy Story 3

En las trilogías la tercera parte suele ser la más débil. Pixar, luego del éxito en taquilla y crítica de la segunda parte de su opera prima y tras su reconciliación con Disney, demuestra que no sólo se puede contar más sobre los personajes sino que se puede crear con el conjunto un arco narrativo donde las partes y el todo son igualmente poderosos.



A diferencia de las dos primeras partes donde la historia se centraba en la relación entre Andy y sus juguetes, en esta ocasión los juguetes son dejados a su suerte... por accidente. Los años han pasado y Andy está por marcharse a la universidad. Su madre le ha pedido que limpie su habitación y que destine sus cosas al ático, a una caja para donación o a la basura. Cuando de sus juguetes se trata, el joven decide ponerlos en una bolsa que piensa guardar, pero que su madre confunde con basura y que los juguetes reubican para ser donados a una guardería. A Woody (Tom Hanks) lo separa, quiere llevarlo consigo, pero el vaquero se resiste a dejar a sus compañeros y, sobre todo, a que piensen que Andy los ha olvidado. La guardería resulta, en principio, en un lugar donde los juguetes pueden cumplir con su misión: acompañar a los niños, sólo que cuando la noche llega descubren que Lotso (Ned Beatty), un oso de peluche, domina el lugar y que ellos están destinados a los niños más pequeños, quienes frecuentemente los pintan, rompen y maltratan. Los juguetes de Andy deberán terminar con el reinado de Lotso para poder escapar de la guardería y regresar a casa.


Con “Toy Story 3”, Pixar deja en claro, de manos de Lee Unkrich, editor de las entregas anteriores y codirector de la segunda, porqué es el punto a comparación cuando de animación se trata. El avance tecnológico es claro. Hay más fluidez en los movimientos y el detalle de los personajes, en especial de los humanos. La historia de nueva cuenta se desarrolla en varios niveles logrando con ello impactar de distinta manera a sus diferentes públicos. Y la forma en cómo estos elementos se entrelazan con un profundo entendimiento del lenguaje cinematográfico y múltiples referencias al cine de género, en especial a las cintas de escape de prisiones, hacen de “Toy Story” un espectáculo entretenido y poderoso. Resulta interesante considerar que inicialmente la historia trataría sobre un Buzz Lightyear (Tim Allen) enviado a Taiwán para que se corrigiera un defecto de fábrica; sin embargo, ahí sería desechado y cambiado por otro por lo que sus compañeros deciden ir a rescatarlo. La idea fue desechada como parte del acuerdo conciliatorio entre Disney y Pixar. Parecía una aventura divertida, pero el cambio de rumbo sin duda le es benéfico.


“Toy Story 3” representa un punto importante tanto para el estudio como para su público. Es una retrospectiva al avance tecnológico y narrativo del primero. Es un buen primer acercamiento para aquellos que no conocen a los personajes, pero sobre todo, es viaje al recuerdo para aquellos que han crecido con ellos y que como Andy han dejado atrás la infancia. Es por ello que el desenlace, que rehuye a convencionalismos y lugares cómodos, y la construcción emotiva que de él se ha hecho a lo largo de la historia es tan poderoso. “Toy Story 3” es una película adulta de juguetes y para “niños” que diserta sobre la mezcla de emociones que implica crecer y madurar. Es un viaje arduo, de vaqueros y astronautas, de ilusiones y realidades.

EE.UU. 2010

Director: Lee Unkrich.

Reparto: Tom Hanks, Tim Allen, Michael Keaton, Jodi Benson, Ned Beatty.

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