Shame: deseos culpables

“No somos malos. Simplemente venimos de un lugar malo.” Sissy a Brandon, su hermano.

Una actriz y dos actores tuvieron en 2011 un año decisivo para sus carreras. Mientras ella consiguió una nominación al Oscar por “Historias cruzadas”, ellos sorpresivamente quedaron fuera de la premiación, posiblemente a causa de división de votos entre sus propias interpretaciones. En el caso de Michael Fassbender, otra razón pudo haber sido la naturaleza del filme por el que nadie volverá a verlo igual: “Shame”.



Fassbender es Brandon Sullivan, un hombre en sus 30’s con un trabajo acomodado, un departamento estéril y una rutina: sexo. Es un acto constante… con otros o en solitario. Es un acto de liberación que ha dejado de proporcionarle placer. Simplemente es algo que necesita hacer. Cuando Sissy (Carey Mullinghan) aparece, luego de varios mensajes en la contestadora que Brandon ha preferido ignorar, el rito deberá transformarse, pero el catalizador comparte demasiado con el oficiante como para permitirle alcanzar otra zona de confort.


Filmada en 25 días, “Shame” ha sido rápida, fácil y superficialmente etiquetada como la película sobre un adicto sexual donde su protagonista hace un desnudo frontal. La tentación por hacerlo es comprensible cuando en los primeros minutos es justo lo que parece aunque también lo es el que hay algo más detrás del hábito de Brandon. La cámara como testigo, la edición alejada de cualquier artificio, en una imagen sin musicalización y con un actor cuya expresión, en el vació y bastedad de su departamento, en solitario o compañía, expresa en el rostro tanta lejanía emocional que el suicidio podría ser su pensamiento… los elementos no dejan lugar a duda. Algo pasa en Brandon… en la maestría y privacidad con que consigue compañía, en la efectividad en que satisface una necesidad física… en la rapidez con que se deshace de la evidencia cuando Sissy, su opuesto en exteriorización, aparece. Sissy es la alegre y también la depresiva… quizá expresiva sea la mejor palabra para describirla y también destructiva, efectivamente autodestructiva.


“Shame” es un filme introspectivo, con largas escenas carentes de diálogo, con tomas carentes de movimiento (como cuando Mulligan interpreta, en uno de los momentos más emblemáticos una versión en balada de “New York, New York”) y pasiones carentes de cualquier frenesí. Ganadora de los premios Fipresci y CineMavvenire en el Festival de Cannes, donde Fassbender fue reconocido como Mejor Actor, “Shame” es también el pináculo de un año donde el actor repetiría la distinción en los Premios Irlandeses de Cine y Televisión, los círculos de Críticos de Londres y Vancouver, y el National Board of Review y la Asociación de Críticos de Los Ángeles, en estas dos últimas siendo galardonando por su cuerpo de trabajo en el año (“X-Men: primera generación”, “Un método peligroso” y “Jane Eyre”). Mientras Fassbender cimentó un gran año para su labor, Brandon hizo lo propio al dejar una impresión en el espectador. Sí, “Shame” es sobre la adicción y el sexo, pero lo que la hace trascendente, lo que no permite que nadie quede impasible ante ella, es el sentimiento de vergüenza que deja en su protagonista y que no es más que el reflejo de la autodestrucción y la imposibilidad de detenerla en el aparente círculo de la rutina y la comodidad.

Shame

Inglaterra 2011

Director: Steve McQueen.

Reparto: Michael Fassbender, Carey Mullighan.

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