Sabrina

Sencilla, breve, simpática y elegante, así es “Sabrina”, la comedia romántica que sirvió de vehículo para propulsar la ascendente carrera de Audrey Hepburn en su segundo protagónico en Hollywood. Basada en una obra de teatro de Samuel Taylor y estrenada en 1953 con relativo éxito en Broadway (poco más de 300 representaciones), la película dirigida y coescrita por Billy Wilder sale a flote gracias a la mano experta del realizador, el encanto natural de su protagonista y el buen desempeño de sus compañeros.



Sabrina Fairchild (Audrey Hepburn) ha estado siempre enamorada de David (William Holden), el mujeriego y vividor hijo menor de la adinerada familia Larabee. Desesperada ante la poca atención que David le presta, Sabrina considera el suicidio una noche antes de viajar a París a aprender gastronomía. Su método falla y la joven es enviada por su padre, con la esperanza de que olvide a David, al viejo continente por dos años. A su regreso, la hija del chofer se ha transformado en una elegante, pícara, atractiva, pero ingenua mujer. Inmediatamente David cae ante sus encantos, pero Linus (Humphrey Bogart), el reservado hermano mayor, le ha preparado ya, en una estrategia de negocios, su tercer matrimonio. En un intento por diluir el romance, Linus comienza a salir con Sabrina. El hombre de negocios se ha metido terreno peligroso.


Ubicada en el número 54 en la lista de las 100 Grandes Historias de Amor del American Film Institute, “Sabrina” es muestra de que el profesionalismo supera todos los obstáculos. La buena química que los actores tienen en pantalla no es más que fruto del buen desempeño histriónico. Remplazando de último momento a Cary Grant, Humphrey Bogart aceptó interpretar a Linus a pesar de considerar una ofensa no haber sido la primera opción para el personaje. El actor, calificado por algunos fuera de casting y por otros en una de sus más memorables interpretaciones, se había caracterizado por personajes de corte dramático. Bogart estaba en desacuerdo en que Hepburn tuviera el rol principal y quería que Lauren Bacall, su esposa, lo hiciera. Bogart trató educadamente a Hepburn, a quien veía como una mala actriz y de quien se quejaba por tener que repetir escenas, pero apenas y se soportaba con Holden. Tampoco fueron pocas sus diferencias, a causa de sus distintas percepciones del tono cómico del personaje, con Wilder. A diferencia de Bogart, Hepburn y Holden tuvieron tan buena relación que iniciaron un muy publicitado romance que terminó cuando Hepburn descubrió que Holden se había practicado la vasectomía y no podría darle hijos.


A pesar de que la historia de “Sabrina” no es más que una reelaboración del clásico cuento de la Cenicienta, son el tratamiento de la trama, los ingeniosos diálogos, ricos personajes y adecuadas interpretaciones lo que la separan de lo ordinario. En otro de sus guiones concluidos en el transcurso de la filmación, Wilder mezcla en dosis efectivas el romance, el drama y la comedia, mérito que le hizo del reconocimiento de los Globos de Oro, el Premio del Sindicato de Escritores y la nominación al Oscar. “Sabrina” sería considerada en otras cuatro categorías, incluyendo Mejor Director y Mejor Actriz para Hepburn. La estatuilla la obtendría por Mejor Vestuario, atribuido a Edith Head, pero en su mayoría obra de Givenchy. El diseñador desconocía a Hepburn y pensó que trabajaría para su homónima de apellido, Katherine. Sin embargo, el porte y carisma de Audrey la convertirían en una de sus principales musas.


Al igual que “La comezón del séptimo año”, siguiente proyecto de Wilder al que se hace mención en la historia, “Sabrina” es una comedia en plena forma y con todo el atractivo de su inolvidable protagonista.

EE.UU. 1954

Director: Billy Wilder.

Reparto: Audrey Hepburn, Humphrey Bogart, William Holden.

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