Mente indomable

“Una pérdida verdadera solo se da cuando se pierde algo que se ama más que a uno mismo,” Sean.

Aunque para algunos es una pieza destacada (fue nominada a nueve premios de la Academia, incluyendo Mejor Película y Mejor Director) y para otros sobrevalorada (Premiere la incluyó como una de 20 películas que caen en dicha condición), “Mente indomable” se conserva como una disertación adecuada sobre las contradictorias ironías de la genialidad y las expectativas.



En términos de la industria a “Mente indomable” no pudo irle mejor. Con un presupuesto de 10 millones de dólares recaudó más 220 en taquilla y la Academia no sólo la nominó; le otorgó las preseas a Mejor Actor de Reparto para Robin Williams y Mejor Guion Original. Nada mal para un guion de principiantes y un proyecto que estuvo a punto de ser archivado luego de que Castle Rock no sabía que hacer con él. Kevin Smith, director (“Clerks”, 1994) y productor, lo llevó a Miramax donde se convertiría en el filme más redituable de la compañía (hasta que llegara “Chicago” en 2002). Para Gus Van Sant, el director a cargo, luego de que Michael Winterbottom rechazara la silla, y unos muy jóvenes y prácticamente desconocidos Matt Damon y Ben Affleck, significaría la diferencia entre ser pies de página o encabezados.


El guion, obra de los actores, inicia con un profesor del MIT (Stellan Skarsgard) prometiendo gloria para aquel alumno que resuelva el complejo problema que ha escrito en el pizarrón y que antes sólo las mentes más brillantes han conquistado. Un par de días después la solución está ahí. Todos se asombran. Todos se preguntan quién es el autor. Nadie se proclama. Un segundo ejercicio es dispuesto y entonces, por casualidad, Lambeau descubre que el encargado de limpieza es el responsable. Admirado decide tomarlo como pupilo, pero antes deberá resolver un inconveniente: el joven está detenido. Y después deberá, con una respuesta que no es necesariamente la que espera, resolver otro: la actitud del joven y sus deseos.


A pesar de que el final de “Mente indomable” es en gran medida el esperado, el filme vale la pena por el trayecto. Van Sant es especialmente bueno para construir el diálogo y el guion le da buena substancia. Robin Williams consigue una de sus mejores interpretaciones y se aleja de aquellos lugares cómodos que ha desplegado en tantos otros papeles. En especial la escena donde hace que Will repita: “no es mi culpa”. Will ha tenido una vida difícil. Cree merecer poco y no desea hacerse vulnerable. Pero como le dice Chuckie (Ben Affleck), su mejor amigo: “estás sentado en un billete de lotería. Sería un insulto para nosotros que estuvieras aquí en 20 años”. Los tres hombres y Skyler (Minnie Driver), una estudiante de Harvard de quien Will se enamora, son las personas que tratan de apoyarlo. Pero en el fondo, ¿qué quiere Will?


Lo que Damon y Affleck querían era salir del anonimato. El primero no sólo consiguió la estatuilla en el mencionado rubro sino también una nominación como Mejor Actor, mérito que consiguió también Driver. Damon estudió en Harvard. “Mente indomable” es también un documento con ecos a la vida del actor y su amigo, Affleck. Máxime si se tiene en cuenta que no sólo retrata sus orígenes sino también la relación que sostuviera con su coestrella durante el rodaje. Pero más allá de similitudes, “Mente indomable” pone sobre la mesa lo que su título en inglés y nombre del protagonista sugiere en relación a lo que él y sólo él desea, en el más puro ejercicio de dejar de lado las expectativas de otros pues se están cumpliendo las propias: la conquista de la voluntad. Eso es Will Hunting… y es bueno.

Good Will Hunting

EE.UU. 1997

Director: Gus Van Sant.

Reparto: Matt Damon, Robin Willians, Stellan Skarsgard, Minnie Driver, Casey Affleck.

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