El Perfume: historia de un asesino

“He lived to find beauty. He killed to possess it,” frase promocional.

Un torrente de aromas inundó las páginas de la literatura cuando “El perfume: historia de un asesino” (1985) apareció en las librerías. Su autor, Patrick Süskind logró lo que se pensaba inimaginable, hacer palpable el olor por medio de las palabras. Tras su éxito editorial, Hollywood se dio a la caza de la historia para llevarla a la pantalla. Stanley Kubrick consideró imposible la tarea y declaró que el libro no era filmable; Ridley Scott, Tim Burton, Martín Scorsesse y Milos Forman estuvieron interesados en distintos momentos y Süskind se mostró reticente a ceder los derechos hasta 2001 cuando recibió 10 millones de euros por ellos. El elegido para la labor: Tom Tykwer, el director alemán responsable de la vertiginosa “Corre Lola corre” (1999).



“El perfume” cuenta la historia de Jean-Baptiste Grenouille, un joven inodoro de la Francia del siglo 18, bendecido con una sorprendente capacidad para detectar aromas. Grenouille nace en condiciones inhóspitas y tras crecer en un orfanato busca su camino como el aprendiz de Guiseppe Baldini (Dustin Hoffman), un perfumista venido a menos, de quien aprende el arte de extraer esencias, y a quien ayuda a recuperar su perdida fama. Pero Grenuille ha descubierto el máximo aroma y está determinado a capturarlo. Para lograrlo se lanza en una obsesiva búsqueda que lo transforma en asesino.


Tykwer logra una acertada adaptación que si bien no hace del todo justicia a la novela tampoco falla de manera estrepitosa. Acierta al hacer uso de grandes acercamientos a distintos objetos con la intención de acercarlos al inconsciente olfativo del espectador, en un ejercicio que tiene como fin el generar también un poco de empatía con el personaje principal. Acompaña la lluvia de imágenes (de pescado podrido a rosas) de algunos acercamientos a la nariz de Grenouille, y claro un poco de sonido. El filme se ayuda de una acogedora fotografía y dirección de arte que muestran un París sombrío, pero igualmente cautivante. La elección de actores es atinada. El actor británico Ben Whishaw saca adelante el protagónico, y lo acompañan los experimentados Dustin Hoffman y Alan Rickman, este último con una mesurada interpretación como el padre desesperado por proteger a su hermosa hija Laura (Rachel Hurd-Wood) de las garras del asesino fantasma.


El guion falla en un intento excesivo por mantenerse demasiado fiel a la obra original, recayendo por momentos en lo sobre literal y rebuscado, y, sobre todo, al ver el resultado final en pantalla, en una longitud mayor a la necesaria. La cinta carece de una columna vertebral, que, si bien no explicite, sí haga latente, el origen del deseo y la necesidad de Grenouille, por lograr su máxima creación. Eso hace un poco inconexo el último tercio, aunque el final (polémico, comprensible o no) es de una belleza monstruosa y hasta poética. También se agradece la sutil alegoría con la vida de cierto salvador o profeta.


“El perfume” hace que las imágenes huelan. Trae a la pantalla una ola de aromas y la afilada pero imperceptible presencia de un artista asesino. Bienvenidos a un macabro viaje de belleza, perfección, soledad, locura, erotismo y muerte.

Perfume: The Story of a Murderer

Alemania/Francia/España 2006

Director: Tom Tykwer.

Reparto: Ben Whishaw, Alan Rickman, Dustin Hoffman, Rachel Hurd-Wood.

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