El libro de cabecera

“Estoy segura de que hay dos cosas en la vida que son dependientes: los placeres de la piel y los placeres de la literatura. He tenido la fortuna de disfrutar de ambos en la misma medida,” Nagiko.

La piel se transforma en papel. La tinta toma forma y comienza a recorrerla. La primera página se ha abierto. El relato ha comenzado.



El padre de Nagiko (Vivian Wu), un calígrafo, acostumbraba como regalo escribirle en la cara una felicitación en cada uno de sus cumpleaños. Por su parte, su madre le leía un pasaje del diario de Sei Shonagon, una cortesana. El texto con más de mil años de antigüedad abordaba, entre otros temas, los artes del amor. Este ritual marca a la niña, quien crece buscando al amante perfecto –lo cual debe reflejarse indiscutiblemente en su caligrafía- y, por otro lado, con la misión de dar a conocer su propio libro de cabecera. Ambos elementos se verán mezclados y aderezados con un poco de traición, otro tanto de caligrafía, sexualidad y arte.


“El libro de cabecera” es un filme para dejarse llevar y disfrutar. Uno donde está de más intentar comprender la totalidad de lo que se está diciendo y viendo en el momento. Y es que “El libro de cabecera” es en sí un libro de cabecera, un diario. La historia que narra no se limita a las palabras, hace gala de las imágenes y los múltiples recursos que el cine cuenta para mostrarlas. Ése es su lenguaje. La gramática, la sintaxis, hacen uso de las sobre-imposiciones, los gráficos, los recuadros, el blanco y negro, los subtítulos y otros muchos recursos para crear lo que en apariencia puede dar forma a un absurdo, una exageración o exceso. En realidad, es una orquesta bien dirigida. La pasión, el misterio, la sensualidad y el fuego que expresan no dejan duda de ello.

Vivian Wu da muestran de su histrionismo construyendo un personaje conflictuado y obstinado en contar su historia a como dé lugar. Las entregas son siempre plasmadas en la piel de una persona distinta. Las palabras ocupan el espacio indicado de acuerdo con el tema en cuestión. Son trece los componentes y abarcan del libro de la impotencia al de la muerte, pasando por los del amante, el seductor y los secretos, entre otros. Para plasmarlos es necesario dejar al descubierto la piel y los sentimientos a flor. Las emociones van de la comedia a la crueldad y son constantemente tocados por una sutil, pero predominante sensualidad. Es un filme atrevido y placentero. Uno que tiene mucho que decir, aunque en realidad es poco lo que dice, al menos con palabras, pues lo que realmente está diciendo es mostrado. Este libro de cabecera es una experiencia única e inolvidable que dejará en el ambiente ese aroma que funde al papel con la piel y a ésta con la imagen.


Abre la página y déjate seducir por este libro. Es un retrato íntimo, seductor e intrigante. La primera mancha de tinta ha comenzado a cobrar forma en tu piel. Lo que dice sólo depende de ti... o quien sabe. A fin de cuentas, quién es el padre de un libro.

The Pillow Book

Francia/Inglaterra 1996

Director: Peter Greenaway.

Reparto: Vivian Wu, Ewan McGregor, Yoshi Oida, Ken Ogata y HideKo Yoshida.

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