E. T. El extraterrestre

“E. T. Phone home,” E. T.

La vida en el espacio ha sido y es una de las grandes incógnitas del ser humano. Una que gira sobre lo desconocido y se acerca al miedo.


Elliot (Henry Thomas) es un niño que enfrenta el divorcio de sus padres junto con sus dos hermanos. Un día, el pequeño descubre a una singular criatura. En un principio siente temor de ella, quien también responde con recelo. Poco a poco comienzan a conocerse. Elliot resguarda al visitante y sólo comparte el secreto con sus hermanos. Su relación crece día con día y la empatía entre ellos va más allá de lo natural. Pero el extraterrestre pronto extraña su hogar. Lo que Elliot tiene y le comparte, él lo ha perdido. Los amigos deciden darle una solución al problema. La mano adulta se involucra sólo para introducir conflictos y complicar una situación de sencilla resolución.



El cine tiene la virtud de hacer reír, llorar, temer y pensar; es un medio que acompaña. Pero pocas son las películas que logran llevar al espectador a través de esa amplia gama de emociones y sus puntos intermedios sin dejar de tocar las más sensibles fibras aun cuando el tiempo ha pasado, y el espectador ha crecido. “E. T. El extraterrestre” es una de ellas. Sus personajes centrales y lo que viven conectan de manera sincera y auténtica con el espectador. Esta es una cinta para sentir, para creer y dejarse llevar por la magia de aquello posible o imposible. Lo que sucede en la pantalla oscila en lo increíble y se desarrolla en lo cotidiano.

Spielberg tiene en “E. T.” uno de sus más comprometidos trabajos. En ella se vislumbran algunos aspectos que posteriormente lo llevarían a dar una mayor profundidad a su filmografía al involucrarse en temas polémicos y establecer una postura alrededor de ellos (“El color púrpura”, 1985, “Rescatando al soldado Ryan”, 1998, “Munich”, 2005). Esto sin dejar de lado las grandes producciones (“Sentencia previa”, 2002) y dándole a su trayectoria un toque especial y ecléctico. En este caso, el personaje principal tiene sus raíces en el director, su experiencia al crecer en los suburbios, al compartir con sus hermanos, lidiar con el divorcio de sus padres y experimentar por primera vez sentimientos como la pérdida y la soledad. La visión es la de un niño. Un niño con un amigo a quien ayudar. Un niño con una visión simple de la vida. Un niño para quien los adultos no representan más que figuras altas, que poco entienden y ayudan. Pero “E. T.” no es una película trágica, por el contrario, es un relato lleno de inocencia, momentos memorables y, sobre todo, esperanza.


Ganadora de cuatro premios de la Academia y nominada en otras cinco categorías (incluyendo Mejor Película, Mejor Director y Mejor Guion Original), “E. T.” se ubica en el lugar 25 de las 100 Mejores Películas del American Film Institute. Su paso deja tras de sí una de las figuras más emblemáticas de la cinematografía (el tierno alien de aspecto animaloide con tintes de vegetal y humano a quien todo espectador quiere adoptar y tener como amigo) y una parada obligadada cuando se trata de prender una luz de esperanza y creer en la bondad de la gente.

La tecnología, la edad y el individualismo nublan la vista. La mejor respuesta, lo más sencillo y disfrutable está al alcance de la mano. Sólo es cuestión de querer alcanzarlo y dejar de ser extraterrestres de una misma especie.

E. T. The Extra-terrestrial

EE.UU.1982

Director: Steven Spielberg.

Reparto: Dee Wallace, Peter Coyote, Drew Barrymore y Henry Thomas.

Artículo inicialmente publicado en el periódico estudiantil “La Catarina” de la Universidad de las Américas-Puebla. Derechos Reservados de Carlos Andrés Mendiola H.

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