"Érase una vez... pero ya no" de Manolo Caro

No sé si reír, llorar... o cantar.

La más reciente entrega de Manolo Caro para Netflix es una mezcla bizarra de cuento de hadas con comedia musical de enredos y de banda sonora de los 90's, épica medieval, conciencia ambiental y lenguaje incluyente. Sí, todo eso y quizás algo más... o no. Y no es que eso sea precisamente una de sus virtudes. El "érase una vez" es por la trágica, pero romántica historia de Diego (Sebastian Yatra), un pescador, y Soledad (Mónica Maranillo), una princesa. Él, convencido de que su amor lo puede vencer todo, acepta un hechizo que termina por afectar a todo el pueblo: nadie podrá enamorarse hasta que se restauren las condiciones que requiere (y ellas incluyen el devolver al lago a un lindo y pequeño dragón morado). Cientos de años después, Maxi (Yatra), el hijo de la dueña (Rosy de Palma) del otrora castillo y ahora hotel, quién se sabe la reencarnación de Diego, se ocupa de gigoló por aquello de que así podrá probar su química con varias y es más probable que encuentre a la reencarnación de Soledad, sólo que el reescribir de la historia le juega una mala jugada pues él jura que se trata de Juana (Nia Correira), una turista, y no de Goya (Mónica Maranillo), la hija de la mucama (Mariana Treviño).

Viéndole lo positivo, "Érase una vez... pero ya no" es de lo más surrealista, chabacano y absurdo que se pueda ver. Tiene sus momentos de encanto gracias a varios de los números musicales que recrean éxitos como "Sobreviviré" de Mónica Naranjo, "Si tu no vuelves" de Miguel Bosé o "Si no te hubieras ido" de Marco Antonio Solis. El vestuario que se usa en ellos es también espectacular y los actores lucen bastante, en especial, Mónica Maranillo. El otro acierto son Mariana Treviño, Rosy de Palma e Itziar Castro (la doncella de la princesa / guía de turistas), quiénes tienen gran timing para la comedia y sacan más de una carcajada. Por cierto, el look de De Palma en la época actual, con cabellera corta rubia y onda al frente, es una genialidad.

Ahora, siendo más serios, la verdad es que "Érase una vez... pero ya no" no tiene pies ni cabeza. Vaya, la historia sigue los tres actos, resuelve el conflicto y es claro que quiere proponer, más allá de lo visual y estético, en torno al amor bajo una mirada mucho más contemporánea, cuestionando aquello de si debe ser para siempre y poniendo sobre la mesa que es agridulce. Manolo Caro toca el mismo tema, con muchísima mejor fortuna, en "Amor de mis amores".

En "Érase una vez... pero ya no", Caro le da un debut como actor simpático a Sebastián Yatra, quién en realidad no tiene mayor reto actoral que correr de un lado para el otro, ser guapo y quitarse la ropa (sí, si ustedes escucharon que le verán las pomas, confirmo; y confirmo que serán varias veces). Igual están desperdiciados otros actores como Asier Etxeandia (coronel / turista; antagonista en ambas) y Daniela Vega (bruja / cantante). Por otra parte, tampoco se entiendo lo dispar en el diseño de producción que a veces se ve muy bien y en otras es claramente de cartón.

La cuestión con "Érase una vez... pero ya no" está en que uno puede reír, llorar y cantar con ella, pero cuando termina, más aún, antes de ello y en varias ocasiones, uno ríe, pero ya no con ella o por ella, sino de ella. Es un chiste, es el chiste y el chiste o la ironía se cuenta solo con el mismo título pues "Érase una vez... pero ya no" pretende ser tanto que no termina por ser nada.

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España 2022 - 4 Capítulos de media hora



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